La primera noticia que tuve de mi padre creo que fue a los cuatro años, o más bien la primera vez que lo vi fue en el acto de preescolar del jardín infantil al que asistía, en el cual baile con mucha maestría un palo de mayo. Después de ese acto me tomo de la mano, un señor idéntico a mi persona, al que solía confundir en la vieja televisión marca SHIRU, que teníamos con el cantante Juan Luis Guerra, por tener la misma estatura y parecerse físicamente. Recuerdo que me regalo despectivamente una estúpida oveja de peluche, seguro pensando en que mi segundo nombre es María, por la canción María tenía un borreguito y no por el milagro que respire tardíamente y me consagraron a la virgen del mismo nombre por el padecimiento asmático que me atormentaría hasta mis siete años y me obligaría cada quince días a hospedarme en mí Pent-house en “La Mascota”.
Visitas que llegaron cuando Wilse Varona llegó a mi vida y mi médico cubano, sería el primer cubano de la lista de médicos cubanos que me han visto y curado con sus milagrosos inventos y plegarias a la Virgen de la Caridad del Cobre, pero bueno él hombre que se hace llamar mi padre nunca pudo verme y ahorrarle a mi madre unos centavos evitándome las visitas al médico por que aún siendo el Galeno, nunca se intereso por la precaria salud que me acompaño en mi niñez de la cual logré salir intacta y ahora siendo una persona mucha vitalidad, ante lo cual afirmo no se necesita de un padre para salir intacto de la niñez y sobrevivir a las pesadillas y la mona peluda, pero si se necesita una madre.
Me engendraron en las profundidades de Boaco, cuando mi madre trabajaba por esos lares, más de la identidad de mi madre no puedo revelar ni lo que hacía por estos senderos, sólo que realizaba un trabajo sumamente arduo y altamente importante, lo demás se considera información confidencial y todavía no estoy autorizada para revelar más que la recordaban con cariño por aquellos y rumbos. Mi padre un alemán criado en Boaco, Médico Internista, soberbio, egocéntrico, altivo y brillante.
Mi familia es un arsenal de mujeres solteras con diversidad de caracteres y talentos, no sé porque siempre las féminas de mi familia resultan al final ser madres solteras, simplemente no le aguantamos la jodedera a ningún hombre y menos a esos que te humillan para sentirse machos, de esos ya ha tenido bastante la historia; aunque he de ser confesa y admitir que creo que muchas veces ha sido todo lo contrario.
Fui creciendo en el vientre de mi madre…chupándole todas las vitaminas, fuerzas, energías y sabiduría...mientras ella seguía haciendo sacrificios como tomar leche cuando siempre la ha detestado, cosa que herede yo junto con su piel blanca, y las pantorrillas y piernas firmes de subir y bajar la sierra, totalmente aptas para la danza y los amores dilatados, los ojos escudriñadores de alma y la rapidez del pensamiento, aunque yo contesto en el acto y ella tiene la milenaria sabiduría de saber callar cuando la situación no es la más farovable.
Hemos sido Mujeres solitarias de pocos amigos, tal vez porque a mi madre junto con todos sus hermanos y padres le toco emigrar desde Chontales a Managua a los catorce años de edad y a los diecisiete hacerse cargo de su familia, porque su amantísimo padre se fue detrás de otras frías nalgas. Aunque a veces sospecho que fueron los celos terribles de mi abuela y su escases de nalgas y sobrante de panza, que fue debido a esta estética razón la causante del abandono.
Ante la falta de pericia no sé si inventada para hacer cualquier tipo de trabajo que no fuera el de enseñar mi abuela se exculpó de hacer el trabajo pesado, fue que mi madre tuvo que cargar con la funesta labor de mantener a la familia a toda costa, trabajó en carnicerías donde debía de llevar los pelos del sobaco al ras, para que ningún pelo cayera sobre el producto, o como cuando trabajo donde los turcos y aprendió a regatear a sus anchas, costumbre que no circula por mis venas, porque o soy muy honesta o muy estúpida no pido rebaja.
La siguiente vez que volví a ver a mi padre, creo que fue cuando tenía nueve años, cuando me llevo otro peluche de regalo ahora un tucán, el cual anduvo rodando por la casa sin importarme realmente que pudiera haber sido de él. Creo que de ahí viene mi aversión a los peluches, la última vez que le intente botarle uno al Bonilla casi me mata. No entiendo como la gente puede guardar esas pendejadas por años, que sólo sirven para concentrar polvo.
Creo que el único regalo que valore del viejo, fue un Divino Niño, de la colección SANTINI, el que me envió para mi comunión, ni siquiera pudo llegar, creo que eso me acompañaría el resto de mi vida y es que la sellan a una, siempre me rodeo de hombres escurridizos, pero volviendo a la religión me terminaba de marcar más férreamente con el sello del catolicismo, para enseñarme la divina vergüenza y la mezquindad virtudes de castidad en las mujeres, porque hay que ayudar al prójimo, pero hay que dar una limosna no una mano amiga, y darla donde te puedan ver, realmente no me logró impregnar de ninguna de estas, pero si me termino de meter más temores en la cabeza como el de conseguir el matrimonio perfecto, y acentuó mi ya grande predisposición del autosacrifio que enaltece el alma y el espíritu.
No odio a mi padre, sólo a sus regalos, no lo puedo odiar porque realmente no lo conozco más que las escasas cinco veces, que lo he visto en mi vida. Odio que la gente trate de imponerme cosas o peor ideas, como siempre trata de hacer la mamá de mi mejor amiga, pero no debo de irme tan largo mi madre a veces es insoportable me quiere meter las ideas, o más bien me las metió tipo la Naranja Mecánica de Stanley Kubrick.
Esas amigos míos son las desventajas de los matriarcados, y el de mi familia empezó con mi bisabuela en 1902, y todavía está viva la legendaria pinita, pero esa es otra historia y muy larga para contarla en una sola entrega, siento que me estoy pelando como una Alcachofa hasta llegar al centro, hablando tantas cosas del viejo de mi papá, del cual soy idéntica físicamente, del cual herede la facilidad para los idiomas y mi memoria genéticamente predispuesta para la medicina y las leyes.
Concluyó esta entrega de la Alcachofa que se pela con las palabras inmortales de la soltera por excelencia mi tía Raquel: Lo bueno de no tener marido es no cargar con los cuernos, la alopecia, la halitosis, la guarera en ciertos casos la drogadicción, y la andropausia de un ser al que no le debes nada y con el cual no tenés que cargar por qué no ha salido de tu bendito vientre. Además niña te ahorras en la cirugía por qué no arrugas tanto los ojos al llorar cada vez que el cabrón te haga sentir mal.
Y cuidado si pretenden conocer más de su origen, uno nace por obra y gracia de algún espíritu o energía y está prohibido hablar de estos hombres que solamente sirvieron para plantar la semilla que cobardemente abandonarían después.